jueves 3 de febrero de 2011

Adiós


"Aprender a volar", la frase es un lugar común, un deseo, un anhelo de todos. Representa la lucha para dejar nuestra realidad y la tediosa monotonía que la acompaña en busca de nuestros sueños más queridos. Lo mismo el joven que se va de casa para hacer su vida, que el cuarentón que deja su empleo para poner su propia empresa.

Me ha tocado varias veces aprender y reaprender a volar…

Volar no es como andar en bicicleta, no es algo que no se olvida nunca. Cada cierto tiempo hay que aprender de nuevo a soltarse, cada vez que nos hemos anquilosado en un nido.

Son curiosos los nidos, los armamos en base a todas las cosas que nos vamos encontrando en el camino. Los pájaros utilizan ramitas, plumas, pedazos de papel o plástico... Las personas utilizamos experiencias, recuerdos, aventuras, falsas creencias... Generalmente los nidos son cómodos, a veces, incluso, demasiado.
Y de tan cómodos, un día no queremos salir de ellos. Ahí nos sentimos protegidos, calientitos, cobijados… enclaustrados también, pero éste es uno de esos detalles que conviene ignorar.

Estando dentro, seguimos llenando el nido, fortificando sus paredes con pensamientos, ideas, sentimientos... Ya no podemos tomar nada del exterior, así que vamos sacando cosas de nuestra mente para decorar las paredes.

Claro que ahí también van los traumas, miedos, fobias y demás cosas no tan positivas que solemos cargar. De repente, no podemos movernos, el nido ha crecido hacia dentro inmovilizándonos, nos hemos emparedado en nosotros mismos sin atrevernos a darnos cuenta. Ya no llega nada del exterior, estamos solos en nuestro propio mundo. Se puede seguir viviendo así, hay muchos que lo hacen durante toda su vida, pero no es el camino de los que elegimos aprender a volar.

La otra opción, la opción de los valientes que emprenden el vuelo, es que en algún punto de la construcción del nido, se abren camino al exterior, sienten el aire, ven el horizonte, estiran los brazos y aprenden a volar de nuevo. Y quizá se termine construyendo otro nido, pero ya es un nuevo comienzo, un renacer de un ciclo constante.

Mi nuevo nido en: