"El chico nació así" comentaban sus profesores, el parroco de la iglesia de su pueblo e, incluso, sus padres. ¿Por qué entonces les costaba tanto aceptarle? Recordaban el día que empezó la escuela y su madre le puso el baby reglamentario y él exclamó con un gran sonrisa dibujada en sus labios: "Ay mamá, ¿esta falda es para mí?" Durante las fiestas del pueblo se quedaba embobado mirando los puestos callejeros. Soñaba con un gorro de esos típicos de Bob Marley con trencitas incluidas. Un día su padre por fin cumplió su sueño y se animó a comprarselo sin sospechar las consecuencias que su inocente acto tendría. Se pasó la tarde mirándose en el espejo con su gorro nuevo puesto y agitando las trenzas sin parar. Se sintía divina con el pelo largo.Él se sintía incomprendido, pero no era algo pasajero como en cualquier otro adolescente, lo suyo era algo mucho más intenso, más real. No entendía por qué le elegían siempre el último cuando había que jugar al fútbol. Tampoco entendió cuando su profesora le preguntó si como actividades extraescolares prefería corte y confección, en lugar de informática. Pero el caso es que él se sentía a gusto confeccionando ropa, necesitaba glamour en su vida, como todos.
Un día descubrió que el color rojo le sentaba bien a sus uñas. el color azul cielo era el más apropiado para sus dulces párpados y el color amarillo en su pelo resaltaba increíblemente sus ojos. Comenzó así su definitiva transformación. Ya sólo necesitaba un corte por aquí y un corte por allá, un poquito de relleno de silicona, otro tanto de depilación definitiva y estaría perfecto. "La única frontera que existe es lo que te espera y lo que has dejado atrás" se dijo a sí mismo e ingirió la pastillita milagrosa.




