domingo 22 de noviembre de 2009

Desayuno en Plutón


"El chico nació así" comentaban sus profesores, el parroco de la iglesia de su pueblo e, incluso, sus padres. ¿Por qué entonces les costaba tanto aceptarle? Recordaban el día que empezó la escuela y su madre le puso el baby reglamentario y él exclamó con un gran sonrisa dibujada en sus labios: "Ay mamá, ¿esta falda es para mí?" Durante las fiestas del pueblo se quedaba embobado mirando los puestos callejeros. Soñaba con un gorro de esos típicos de Bob Marley con trencitas incluidas. Un día su padre por fin cumplió su sueño y se animó a comprarselo sin sospechar las consecuencias que su inocente acto tendría. Se pasó la tarde mirándose en el espejo con su gorro nuevo puesto y agitando las trenzas sin parar. Se sintía divina con el pelo largo.

Él se sintía incomprendido, pero no era algo pasajero como en cualquier otro adolescente, lo suyo era algo mucho más intenso, más real. No entendía por qué le elegían siempre el último cuando había que jugar al fútbol. Tampoco entendió cuando su profesora le preguntó si como actividades extraescolares prefería corte y confección, en lugar de informática. Pero el caso es que él se sentía a gusto confeccionando ropa, necesitaba glamour en su vida, como todos.

Un día descubrió que el color rojo le sentaba bien a sus uñas. el color azul cielo era el más apropiado para sus dulces párpados y el color amarillo en su pelo resaltaba increíblemente sus ojos. Comenzó así su definitiva transformación. Ya sólo necesitaba un corte por aquí y un corte por allá, un poquito de relleno de silicona, otro tanto de depilación definitiva y estaría perfecto. "La única frontera que existe es lo que te espera y lo que has dejado atrás" se dijo a sí mismo e ingirió la pastillita milagrosa.

viernes 13 de noviembre de 2009

Madrid de cuento

Pido la palabra en nombre de las brujas y las hadas,
de los monstruos y héroes,
de las bellas y las bestias,
la que gira en la llave de las fortalezas,
la que guardas en la punta de la lengua.
Pido la palabra donde tú y yo habitemos,
la recién hecha de tu boca,
la que vale más que mil imágenes
la palabra que viene a completarme.
Pido la palabra, tu palabra, sus palabras.
Pido todas las palabras que guarda tu memoria
Y que tejas para mí una historia que se atreva
a empaparme como lluvia de noviembre en la esquina de mi calle
en el bar de abajo
en el salón de casa
a la sombra del teatro
y a los pies de mi cama.
Pido la palabra que nace del silencio.
Pido la palabra con que comienza un cuento.

XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE NARRACIÓN ORAL
UN MADRID DE CUENTO
DEL 16 AL 29 DE NOVIEMBRE DE 2009

domingo 8 de noviembre de 2009

Amor difícil




Letra: Luis García Montero.
Música: Luis Fernández.
Intérprete: Martín Vaamonde.

Versionando y devorando hombres


"Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar, si no saben volar pierden el tiempo conmigo" (Oliveiro Girondo).

Me importa un pito que los hombres la tengan como un bate de béisbol o que sean capaces de salpicar hasta la pared con su semen. Que su tórax sea una tableta de chocolate o un bombón derretido. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con el pelo como un nido de pájaros locos o como Mario Conde en su mejores tiempos (los que tienen la cabeza monda y lironda también son de mi agrado); soy capaz de soportar unas orejas que sacarían el primer premio en una competición de vuelo en aeroplano, pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar, si no saben volar pierden el tiempo conmigo (Sol Muñoz).

Nada tienes que hacer en mi vida si no sabes volar. No podrías acompañarme en mis viajes si no sabes apreciar la vida y reírte de los supuestos obstáculos y piedras del camino; si no sabes jugar, y jugar, y seguir jugando; si no pruebas todos los sabores de helados; si no practicas el sexo al ritmo de jazz o de blues, en lo alto de una noria o en medio de la oscuridad de la multitud; si no puedes sentirte como un niño, unas veces, y como un viejo, otras tantas; si no sabes explorar en tu interior y reírte de ti mismo; si no cantas en la ducha; si no crees en las hadas; si no das los buenos días cada mañana a tu propio corazón; si no existe en ti ni una pizca de imaginación, de ambición, de descaro, de desvergüenza, de coraje o de picardía. Pierdes el tiempo conmigo, no te atrevas ni acercarte a mi vida, pues podría devorarte vivo sin brindarte ni la más mínima oportunidad de pedir auxilio. ¿Algún valiente por ahí?

Nota: La imagen hay que verla de lejos.

Conjuro contra los malos tiempos




No sé si es adecuado pensar en ti cuando aún estás ahí, al otro lado del cristal, agitando la mano con un pañuelo invisible y fingiendo pucheros, como si esto fuera una antigua estación de tren propia de las películas románticas del cine clásico y el autobús interurbano al que me acabo de subir me fuera a llevar muy lejos, a otro país. Yo pego la nariz contra el cristal, me pongo bizca y simulo estar presa. Mis ademanes carcelarios te provocan una carcajada. Pienso que por esa sonrisa sería capaz de luchar hasta la extenuación contra todos tus enemigos, de atravesar el mar, de conquistar un imperio, de empeñar un riñón o, qué sé yo, de darte lo mejor de mí, sin pasado, sin futuro, sólo el momento presente, pero sin miedos que puedan afectarnos. Pienso también que, por muy lejos que estuviera ese otro país al que supuestamente me lleva este autobús, ninguno está tan lejos como para alejarme de ti, de tu sonrisa sincera, de tus pucheros de estación.

Hoy hace exactamente un año que te mudaste a mi vida, aunque ni siquiera te has acordado o, quizás, seas tú él que me lo recuerda a mí a diario. Nunca te ha gustado celebrar días así, prefieres sorprenderme cualquier día con un CD de diferentes versiones de “Alfonsina y el Mar” porque sabes que adoro esa canción. Yo, en cambio, en estos días no puedo evitar dejar de pensar en los lunares de tu espalda y en todas las noches que he pasado contándotelos. A veces tengo la sensación que si cierro los ojos podría seguir con la operación sin cometer ni un solo error. Desde aquí no alcanzo a ver el hoyuelo de tu barbilla, pero sé que está ahí. Hay una leyenda sufí que dice que las personas que tienen esa marca de nacimiento son en realidad ángeles que antes de llegar a este mundo conocen todos los secretos del universo, pero Dios les pone un dedo sobre los labios para pedirles que se callen y no se lo cuenten a nadie. Yo estoy convencida que es así, tú eres mi ángel. Lo sé no sólo por tu hoyuelo, más bien es porque los huecos de tu cuerpo coinciden con los relieves del mío. Si los cuerpos se acoplan con facilidad, las mentes también lo logran. No tiene que ver con el tamaño, ni con los volúmenes. Es como tener o no ritmo para bailar.

A veces me gustaría dejarme arrastrar por esos momentos de pasión y deseo que provoca el amor y cometer una locura. Ahora mismo me gustaría bajar corriendo de este autobús para abrazarte y decirte que por fin te he encontrado. Pero vuelvo a preguntarme si sería adecuado o no hacerlo. ¿Cuándo llegará el momento de dejar atrás la cautela, la ansiedad de tener que decir sólo lo justo… dejar atrás, en fin, lo de amarnos en silencio? El día menos pensado nos daremos cuenta que hemos perdido el tiempo por poner distancias, por protegernos por lo que pudiera pasar.

Una señora con permanente recién hecha y bolso de piel de leopardo se sienta a mi lado y consigue sacarme de mis pensamientos. Miro a tu alrededor y ya no parece quedar nadie por subir al autobús. Sólo quedas tú en la parada, ya sin pucheros fingidos, sólo mirándome a los ojos y diciéndome sin palabras todo lo que necesito. En breve, el autobús arrancará. Mientras te miraba y reflexionaba sobre la calidad de nuestra relación perdí la noción del tiempo. Debo de llevar ya unos cinco minutos sentada junto a la ventana, mirándote y soñando con los lunares de tu espalda. Oigo el sonido del motor, se cierran las puertas y el autobús comienza a moverse muy despacio. Te vas difuminando en mi vista, pero comienzas a estar cada más presente en mi imaginación. Revuelvo el bolso en busca del móvil. No llevo ni cinco minutos de viaje y ya te he escrito dos mensajes. O soy tonta o me gustas mucho.

De duendes mágicos



Me gusta despertarme por la mañana y que mi novio me abrace por la espalda reteniéndome hasta el límite de los minutos permitidos por el despertador. Me gusta irme a trabajar y que él continúe dormido como un enorme bebé, mi enorme bebé. Entonces le doy un beso y le digo en un susurro: “Vuelvo en un rato” y él me contesta desde otro mundo: “Pásalo bien”. Me gusta estar en el trabajo e imaginar que él anda por la casa entretenido en sus cosas, tan contento. Me gusta que pase el tiempo y él siga a sus cosas, como un cronopio. Me gusta que tenga otro ritmo, que no haga lo mismo que el resto de la gente. Me gusta su persistencia en no querer tener horarios y en no levantarse temprano. Me gusta que reivindique su siesta.

Me gusta ir de su mano por la calle, tocarle la cabeza monda y lironda y decirle: “si no sabes volar, no tienes nada que hacer conmigo”. Me gusta cuidarle, ir detrás de él en las caminatas y tener la certeza que no le pasará nada si se fatiga porque hace muchos años que no tiene una crisis. Me gusta escucharle hablar, aunque a veces cueste entenderle por sus problemas de dicción. Seguro que el Pato Donald y él mantendrían largas conversaciones. Me gusta su gesto de “no sé, si yo acabo de llegar” y que acto seguido tropiece con algún mueble.

Me gusta verle comer al lado de nuestro sobrino preferido y la cara que ponen ambos cuando coinciden en la carcajada. Me gusta que pasen algunos días juntos, que se cuiden mutuamente y, que de paso, me rieguen las plantas. Me gusta que se disfracen, que jueguen a hipnotizarse el uno al otro, que hagan magia potagia y pocas matemáticas. Quizás por eso también tiene alma de artista, como nosotros. Me gusta que compartan los libros y aprendan juntos a no creer en todo lo que se publica. Me gusta verles crecer, uno a lo alto y el otro a lo ancho.

Me gusta mi novio porque es poeta, malabarista, cocinero y el mejor editor del mundo. Y el mejor amante… puede que también. Me gusta mi sobrino porque pone su sonrisa más adorable para pedirnos lo que intuye que no le vamos a dar y, sobre todo, me gusta porque una vez le vi estirar sus bracitos hacia al cielo y exclamar con todas sus fuerzas: “¡Soy un queco feliz!”.

Me gustan mis dos duendes mágicos porque atraen a la buena suerte y siempre, siempre salen guapos en las fotos, lo más guapos. Y si me necesitan… sólo tienen que silbar y ya voy.

Postata: El duende que aparece en la imagen es el Duende de la Fidelidad.

sábado 7 de noviembre de 2009

Kin Maya

La sabiduría de los antiguos Mayas quedó grabada para la posterioridad en sus inscripciones en piedra. La civilización maya estuvo extraordinariamente avanzada en conocimientos científicos y espirituales y su percepción del tiempo natural nos ha llevado a llamarlos "Los señores del Tiempo". Los mayas poseían una "llave" que les permitía sincronizarse con la naturaleza, comprendiendo que cada día tiene un significado y una energía única y especial, como cada uno de nosotros. Así cada día presenta distintas fuerzas energéticas, las cueles moldean la personalidad, camino de la vida, retos, fortalezas y otras características del ser humano y su devenir, de acuerdo al día de su nacimiento.

El calendario maya es un calendario lunar mediante el cual podemos acceder al camino del autoconocimiento. Tiene lunas en lugar de meses. Cada luna tiene veintiocho días, y con las trece lunas del año, obtenemos trescientos sesenta y cuatro días, más un día "fuerza del tiempo" o día extra. Los días eran denominados KINES por los mayas. Para conocer tu KIN es necesario recurrir al ORÁCULO DE KIN que también nos informará de nuestra ONDA ENCANTADA, formada por los trece TONOS LUNARES y los veinte SELLOS SOLARES.

Los Tonos Lunares sintetizan con los trece poderes de creación y cada uno de ellos responde a una pregunta vital. Son los siguientes:

1 MÁGNETICO ¿Cuál es mi propósito?
2 LUNAR ¿Cuál es mi reto
3 ELÉCTIRCO ¿Cómo puedo dar un mejor servicio
4 AUTO-EXISTENTE ¿Cuál es mi herramienta para dar forma?
5 ENTONADO ¿Cómo gano control?
6 RÍTMICO ¿Cómo me organizo mejor?
7 RESONANTE ¿Cómo me armonizo para lograr mi objetivo de vida?
8 GALÁCTICO ¿Vivo lo que creo, soy coherente?
9 SOLAR ¿Cómo integro lo que tengo para lograr mi propósito?
10 PLANETARIO ¿Cómo perfecciono y manifiesto lo que tengo?
11 ESPECTRAL ¿De que debo librarme?
12 CRISTAL ¿Cómo consigo cooperación?
13 CÓSMICO ¿Cómo transciendo a otro nivel de sabiduría?

Los sellos son los siguientes:

1 DRAGÓN Nutre el nacimiento.
2 VIENTO Comunica el espíritu.
3 NOCHE Sueña la abundancia.
4 SEMILLA Atina el florecimiento.
5 SERPIENTE Sobrevive la fuerza vital.
6 ENLAZADOR Iguala la muerte.
7 MANO Conoce la realización.
8 ESTRELLA Embellece la elegancia.
9 LUNA Purifica el agua universal.
10 TORMENTA Canaliza la autogeneración.
11 ESPEJO Refleja el sinfín.
12 TIERRA Evoluciona la navegación.
13 GUERRERO Cuestioina la inteligencia.
14 ÁGUILA Crea la visión.
15 MAGO Encanta la atemporalidad.
16 CAMINANTE Explora el espacio.
17 HUMANO Influencia la libre voluntad.
18 MONO Juega la magia.
19 PERRO Ama el corazón.
20 SOL Ilumina el fuego universal.

Consulté el Oráculo y he descubierto que mi KIN es el 64, SEMILLA CRISTAL AMARILLO. El gran día que llegué a este planeta fue el 13 en la luna 2, mi próximo cumpleaños KIN será el 21 de abril del 2010. Soy una persona con un interés profundo en los misterios de la Vida. Me relaciono con el mundo a través de los cinco sentidos físicios. En mi cuerpo físico cobra especial importancia el aparato reproductor. Soy el germen de la vida. Los que pertenecemos a esta tribu somos instintivos, comprometidos, dinámicos, dedicados y eficaces. De altos ideales, solemos dedicarnos a la docencia, nuestra misión es hacer florecer el espíritu de los demás, ayudar a crecer, a madurar. Debemos recordar siempre que CUALQUIER SUEÑO COMIENZA CON UN SENCILLO PENSAMIENTO Y QUE SOY UN CAMPO FÉRTIL Y LA SEMILLA AUTO-GERMIRÁ EN TODA SU POTENCIA.